Worry Cubby

De la primera conversación a la rutina instalada

No hace falta un plan complicado. Con la caja en casa y una secuencia clara, el momento de soltar preocupaciones se vuelve parte de la noche. Así trabajamos cuando una familia o un aula empieza con Worry Cubby.

Si querés ver cómo pensamos cada material antes de que llegue a tus manos, podés recorrer nuestra forma de trabajar o mirar qué incluye cada kit.

El camino desde la primera caja hasta la rutina instalada

No hace falta hacer todo el primer día. Esta es la secuencia que repetimos con las familias: pasos cortos, observación y ajustes según lo que el niño va mostrando.

Semana 1: la caja llega a casa

Armamos la caja juntos, sin prisa. El niño elige dónde ponerla —una repisa del cuarto, un rincón del living— y decoramos la tapa con stickers, dibujos o papel de colores. Esa primera semana solo practicamos el gesto: abrir la tapa, mirar las tarjetas, cerrar. Sin exigir que cuente nada todavía.

Días 8 a 14: la hora de dejar las preocupaciones

Elegimos un momento fijo, siempre antes del baño o después del cuento, y lo marcamos en un calendario visual. El niño dibuja o elige una tarjeta que represente lo que le inquieta y la coloca dentro. Al principio puede ser un garabato o una tarjeta al azar; lo importante es que el ritual exista y que ustedes lo nombren igual todas las noches.

Semana 3: conversaciones que aparecen solas

Cuando la caja ya es parte de la noche, muchos niños empiezan a hablar mientras eligen la tarjeta. Ahí conviene tener a mano las guías descargables con preguntas abiertas: "¿qué pasaría si...?", "¿qué parte fue la más difícil?". No buscamos respuestas completas, solo que el niño sienta que lo que dejó en la caja queda guardado hasta mañana.

Mes 1: revisión y ajuste

Una vez por semana, en un momento del día que no sea la noche, abrimos la caja juntos y miramos lo que quedó adentro. Algunas preocupaciones ya no importan y las descartamos; otras vuelven seguido y conviene conversarlas con más calma. Si el niño se resiste a la rutina, probamos cambiar el horario, el lugar o el tipo de tarjeta antes de abandonarla.

Del mes 2 en adelante: la caja como hábito

La rutina ya no necesita explicación. La caja se usa en momentos puntuales —una mudanza, el inicio de clases, una noche después de una pelea— y también en las noches comunes donde el niño pide "dejar algo" sin que nadie lo sugiera. Es el momento de revisar si las tarjetas siguen siendo útiles o si conviene sumar las de emociones más complejas, como la vergüenza o los celos.

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