No hace falta un plan complicado. Con la caja en casa y una secuencia clara, el momento de soltar preocupaciones se vuelve parte de la noche. Así trabajamos cuando una familia o un aula empieza con Worry Cubby.
Si querés ver cómo pensamos cada material antes de que llegue a tus manos, podés recorrer nuestra forma de trabajar o mirar qué incluye cada kit.
Soporte directo, sin vueltas
Armar la rutina es sencillo, pero cada familia tiene su propio ritmo y a veces aparece una pregunta puntual: ¿qué hago si mi hijo no quiere soltar la tarjeta? ¿cada cuánto revisamos la caja? ¿esta conducta es normal? Para esos momentos dejamos canales directos y tiempos de respuesta claros.
Si prefieres explicar tu situación con calma y recibir una respuesta por escrito, el correo es el camino más cómodo. Revisamos la bandeja de lunes a viernes y respondemos en un máximo de 48 horas hábiles. Contanos qué edad tiene tu hijo, hace cuánto usan la caja y qué te preocupa: con ese contexto la respuesta es mucho más útil que una sugerencia genérica.
info@worrycubby.comHay consultas que se resuelven mejor conversando, sobre todo cuando necesitás orientación para una conversación difícil con tu hijo o con un grupo de alumnos. Atendemos llamadas de lunes a viernes de 9:00 a 17:00. Si no podemos contestar en el momento, devolvemos la llamada el mismo día hábil.
+51 913 333 398¿Llegó la caja con una tarjeta doblada, falta una guía descargable o querés saber si el manual para maestros incluye la versión en PDF? Para temas de producto, envío o descargas, escribinos con el número de tu pedido y lo resolvemos sin que tengas que explicar todo de nuevo.
Ir a la página de contactoAntes de escribir, revisá la sección de preguntas frecuentes
Muchas dudas sobre la rutina, las tarjetas y las guías ya tienen respuesta ahí. Si después de leerla todavía necesitás ayuda, escribinos sin problema: para eso estamos.
Ver preguntas frecuentesNo hace falta hacer todo el primer día. Esta es la secuencia que repetimos con las familias: pasos cortos, observación y ajustes según lo que el niño va mostrando.
Armamos la caja juntos, sin prisa. El niño elige dónde ponerla —una repisa del cuarto, un rincón del living— y decoramos la tapa con stickers, dibujos o papel de colores. Esa primera semana solo practicamos el gesto: abrir la tapa, mirar las tarjetas, cerrar. Sin exigir que cuente nada todavía.
Elegimos un momento fijo, siempre antes del baño o después del cuento, y lo marcamos en un calendario visual. El niño dibuja o elige una tarjeta que represente lo que le inquieta y la coloca dentro. Al principio puede ser un garabato o una tarjeta al azar; lo importante es que el ritual exista y que ustedes lo nombren igual todas las noches.
Cuando la caja ya es parte de la noche, muchos niños empiezan a hablar mientras eligen la tarjeta. Ahí conviene tener a mano las guías descargables con preguntas abiertas: "¿qué pasaría si...?", "¿qué parte fue la más difícil?". No buscamos respuestas completas, solo que el niño sienta que lo que dejó en la caja queda guardado hasta mañana.
Una vez por semana, en un momento del día que no sea la noche, abrimos la caja juntos y miramos lo que quedó adentro. Algunas preocupaciones ya no importan y las descartamos; otras vuelven seguido y conviene conversarlas con más calma. Si el niño se resiste a la rutina, probamos cambiar el horario, el lugar o el tipo de tarjeta antes de abandonarla.
La rutina ya no necesita explicación. La caja se usa en momentos puntuales —una mudanza, el inicio de clases, una noche después de una pelea— y también en las noches comunes donde el niño pide "dejar algo" sin que nadie lo sugiera. Es el momento de revisar si las tarjetas siguen siendo útiles o si conviene sumar las de emociones más complejas, como la vergüenza o los celos.